¡No envidies a los que carecen de sufrimientos, ídolos de madera a los que nada falta, porque sus almas son así de pobres; a los que no preguntan si llueve o luce el sol, porque nada tienen que precise de cultivos! Hiperión o el Eremita en Grecia

sábado, septiembre 30, 2006

UN SÁBADO CUALQUIERA

«Resulta imprescindible estudiar los modos difusos con que una cultura proporciona recursos o limitaciones a los ciudadanos. Por ejemplo, aumenta o deprime la idea que el sujeto tiene de sí mismo. Las creencias ambientales pueden ser optimistas o depresivas, suscitar ánimo o impotencia. Facilitan u obstaculizan la realización de vidas significativas. La trivialización de las actividades, el desconcierto en las recompensas, los prestigios mal conferidos, la insistencia en un modo de vida hedónico como única salida, la educación para la codicia, la insatisfacción como temple básico de ánimo, son limitaciones culturales destructivas porque entorpecen el gran proyecto de la humanidad —que es la lucha por la dignidad— y dificultan la satisfacción de una de nuestras grandes necesidades: la grandeza.»
José Antonio Marina